Cuando llega junio, no solo confienza la final de la NBA o el receso de vacaiones de los niños, sino también el radar de la temporada de huracanes. Para muchos, es momento de ponerse en alerta, despejar el polvo y sacar las linternas. Pero, ¿y si te dijera que, más que vivir preocupados, podemos convertir ese tiempo en una oportunidad para reforzar nuestra protección y quedarnos tranquilos? Aquí te explico por qué ese enfoque hace la diferencia.
Primero, déjame explicártelo sencillo: tu póliza de seguro no es solo un papelito. Es una herramienta diseñada para que, si un huracán toca tu puerta, no tengas que enfrentarte solo a los daños ni al gasto que puede dañar tu tranquilidad. Por eso es clave tener claro qué cubre tu seguro, hasta dónde llega y en qué momento conviene activar ciertos beneficios. Sobre todo cuando se trata de coberturas especiales como daños por viento, inundación o pérdida de alquileres.
Ahora bien, antes de que veas una alerta amarilla en la televisión, lo ideal es que tengas una charla a tiempo. Aprovecha cualquier espacio para revisar tu póliza y preguntarte: “¿Estoy cubierto por todos los daños típicos de un huracán? ¿Qué pasa si pierdo un equipo valioso como mi generador o mi equipo de sonido?” Si en eso claro hay vacíos, la temporada es un buen momento para solicitar ajustes y reforzar esas brechas. Te aseguro que, cuando el viento arrecia, esas pequeñas modificaciones pueden evitarte un gran dolor de cabeza.
Hablar de huracanes, además, es repasar paso a paso quéhacer antes, durante y después de la tormenta. Empieza por fortalecer puertas, ventanas y el techo si es necesario. Prepara un “kit de emergencia”, con documentos importantes en un lugar seguro y accesible. Y cuando llegue el momento, sigue las indicaciones de refugio o evacuación según recomiende la autoridad.
Después del huracán, si has tenido daños, activarás tu póliza. Aquí entra un rol crucial: guardar evidencia. Fotos del techo levantado, del equipo mojado, del carro embolsado; todo eso va a ayudarte a justificar ante tu aseguradora el tamaño del siniestro. Lleva un registro escrito de los daños, por pequeño que parezca. Y sobre todo, cuenta conmigo: cuando estés listo, solo tienes que decir “Reclamación”, y yo te acompaño sin que tengas que lidiar con papeles, agentes o trámites en solitario.
La intención es que sientas que tienes un aliado, no solo una póliza. Imagínate que no tienes que pasar horas al teléfono o lidiar con tecnicismos, porque yo te digo “Así se hace”, te preparo los documentos y te guío hasta que termines de recibir el pago o reparar el daño.
Y aunque este artículo ya es largo, hay algo más que no quiero dejar pasar: lo emocional. Después de un huracán, no solo se afecta lo material. Cuando un espacio al que le ponemos empeño se daña, también duele. Si necesitas asesoría, acompañamiento para filtrar emociones o simplemente entender que lo material se recupera y tú estás bien, aquí estoy. No importan si tu hogar es pequeño, si tu negocio es uno que recien comenzó. La temporada de huracanes siempre será un tiempo de prueba, pero también puede ser de reafirmación: que no nos asusten los vientos, porque estamos preparados.
