Cuando hablamos de “seguro de condominio”, muchas personas piensan que se trata de una sola póliza que lo cubre todo. Y ahí es donde empieza el problema. La realidad es que el seguro de un condominio funciona en dos niveles que se complementan, pero no se reemplazan. Si uno falla o no existe, es cuando el propietario se entera —en el peor momento— de que estaba expuesto.
Primero está la póliza maestra del condominio, la que paga la asociación. Esa póliza está diseñada para proteger lo que es de todos: la estructura general del edificio y las áreas comunes. En términos simples, protege el “cascarón” del condominio y todo lo compartido. Por eso normalmente cubre elementos como el techo, las columnas y paredes exteriores, los pasillos, escaleras y elevadores, las áreas recreativas como piscina o gimnasio, y los sistemas que se comparten entre unidades, como parte de la plomería o la electricidad. En muchos condominios también incluye las paredes interiores en obra gris, que es básicamente el espacio “en bruto” sin los acabados y mejoras que le pone cada dueño.
Y aquí es donde mucha gente se confunde: esa póliza no está hecha para cubrir tu estilo de vida dentro de la unidad. No protege tus muebles, ni tus enseres, ni tus gabinetes, pisos, puertas o clósets. Tampoco protege tus electrodomésticos. Y algo importante: no cubre tu responsabilidad personal dentro del apartamento si alguien se lesiona ahí, ni cubre pérdida de uso, como gastos de hotel o renta si por un siniestro no puedes vivir en tu propiedad por un tiempo. Ese es el error más común que veo: asumir que “como el condominio tiene seguro”, ya todo está resuelto. No es así.
Ahí entra el segundo nivel: tu póliza individual de condominio, conocida como HO-6. Esta es la póliza que debe tener el propietario, porque es la que completa lo que la póliza maestra no contempla. Su función principal es proteger lo que realmente te pertenece y lo que has construido dentro de tu unidad con años de esfuerzo: los interiores, tus pertenencias y tu tranquilidad. Es la póliza que puede cubrir desde los acabados y mejoras que no caen bajo la póliza maestra, hasta tus muebles, ropa, equipos, enseres y objetos personales.
Además, la HO-6 te ofrece algo que muchos pasan por alto hasta que ocurre un accidente: responsabilidad civil. Si una visita se cae dentro de tu apartamento y te reclaman, o si ocurre un incidente que afecte a un tercero, esta cobertura puede hacer una diferencia enorme. Y también está el tema de la vivienda temporera: si un siniestro te obliga a salir de tu unidad mientras se repara, la póliza puede ayudarte con esos gastos que aparecen de golpe —hotel, renta y costos adicionales— y que rara vez uno tiene presupuestados.
En cuanto a daños, dependiendo de tu póliza y cómo esté estructurada, puede incluir protección ante riesgos como fuego, filtraciones o daños por agua, viento, robo, vandalismo y otros eventos comunes. Por eso siempre digo que no se trata de tener “una póliza por tenerla”, sino de entenderla y ajustarla a tu realidad. Dos apartamentos en el mismo edificio pueden necesitar niveles de protección muy distintos, porque no tienen las mismas mejoras, no tienen las mismas pertenencias y no tienen la misma exposición.
Si tú eres dueño de un apartamento y llevas tiempo pensando “yo creo que estoy cubierto”, lo mejor que puedes hacer es una revisión.
Mi trabajo no es complicarte el tema con palabras técnicas; es ayudarte a entender qué cubre cada cosa y a identificar dónde estás fuerte y dónde tienes huecos. Puedo analizar tu póliza de condominio contigo, explicarte cómo se divide la protección entre la póliza maestra y la HO-6, y ayudarte a calcular cuánto realmente deberías asegurar para que, si pasa algo, no sea una sorpresa.
Porque esto no es vender seguros. Esto es proteger lo que tanto te ha costado construir. Si quieres, escríbeme y lo revisamos.
